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http://www.scribd.com/doc/48974024/DEMOCRATA-A-SUELDO
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Creía que nunca jamás volvería a escribir un post.
Entonces llegó hasta mí este anonadante documento y tuve que salir de mi letargo. Igual ya lo conoceis, pero por si las moscas, aquí os dejo el link. Merece la pena verlo, en serio. Personalmente no he visto nada parecido en toda mi vida, y eso que uno tiene una prolija experiencia en guarreridas españolas y no españolas.
¿Qué? ¿ya lo habeis visto? Pues el debate que quiero plantear es el siguiente: ¿ES REAL O SE TRATA DE UN FAKE? Por favor, necesito conocer la respuesta. Toda mi opinión sobre el genero humano depende de ella. Espero con ansia vuestras contestaciones.
No os perdais este conmovedor arranque de sinceridad en dos tiempos por parte de nuestro actor agañanado favorito:
21-05-2007
Cansado, encantado y necesitado de nicotina. Así ha dejado a Javier Bardem su clamoroso triunfo en el Festival de Cannes con 'No Country for Old Men', de los hermanos Coen, en la que borda un papel que resume en una frase: 'Yo soy la violencia, no soy un ser humano'.![]()
Lapidaria definición para un personaje, Anton Chigurh, en el que aparece con aspecto insólito -nunca podrá olvidar esa media melena que hizo troncharse de risa a los Coen- y, encima, encarnando un carácter con el que no podía tener más diferencias.
'Tengo problemas con la violencia. No me gustan las películas violentas', comenta Bardem (Las Palmas de Gran Canaria, 1969) a un grupo de periodistas en el Carlton, uno de los hoteles históricos en el de por sí histórico paseo de la Croisette. (...)
30-01-2005
La ex modelo Jill Marshall ha demandado a Javier Bardem
por haberle roto la nariz por accidente de un golpe mientras bailaba en
un club nocturno de Nueva York, durante la fiesta posterior al estreno
de Mar adentro, el pasado 10 de enero. Marshall tendrá que ser operada porque el golpe le ha causado problemas respiratorios, dijo ayer su abogado, Sanford Rubenstein.
La mujer, que ha esperado al anuncio de las nominaciones a los
Oscar para presentar la denuncia, también ha demandado a la discoteca
Gypsy Tea por negligencia, al seguir sirviendo alcohol al actor (en la
foto, el pasado tres de enero, en Salvador, en Brasil), "incluso en un
estado de intoxicación", y por no prevenir el incidente a través de
medidas de seguridad.
El abogado del actor, Martin Singer, negó ayer
cualquier responsabilidad de su cliente. "El es un excelente bailarín.
No voy a comentar las habilidades de baile de esta mujer. No obstante,
en la medida en que la mujer resultó herida mientras bailaba, la lesión
se produjo por su propia conducta", dijo Singer. Según el abogado, Marshall se acercó la noche de autos varias veces a Javier Bardem en la discoteca y él la rechazó inicialmente.
DIFUSION La gresca del Gypsy Tea fue publicada en una columna de cotilleos el mes pasado en el New York Post, que citó a Marshall
diciendo que fue un accidente. "Fue un accidente, pero él estaba fuera
de control y cuando hieres a alguien tienes que aceptar
responsabilidades. Tengo muchos dolores y no he salido de casa en una
semana", fue citada Marshall en unas declaraciones que su abogado confirmó como exactas.
Moraleja: aunque el gañán se vista de seda, gañán se queda.
De vez en cuando, se producen en el universo alguno de esos fenómenos extraños para los que ni las mentes más lúcidas de nuestra blogosfera, incluida la que me voy dejando a plazos cada fin de semana por las barras de los bares, encuentran una explicación plausible: que si un nutrido número de mujeres consideran que Ben Affleck es guapo, que si a Penelope Cruz la nominan al oscar como mejor actriz, que si España envía a Nash a Eurovisión en lugar de enviar a Loco Mía, que ganarían de calle, y ahora, lo que faltaba: resulta que a todo cristo se le ha metido en la mollera que House es una buena serie de televisión...
Sí, hay que reconocer que entre Aquí no hay Quien Viva y House existe una diferencia de calidad considerable, pero la serie producida por Singer dista mucho de ser buena desde el momento en que sigue uno de los esquemas dramáticos más repetitivos, predecibles y monocordes de la historia audiovisual reciente, incluyendo CSI, que ya le llega. Puedo entender que hasta el capítulo 4 la gente se enganche a la serie debido a la peculiar personalidad del doctor y a sus ácidos chascarrillos verbales, pero que únicamente eso sostenga la producción durante varias temporadas me parece excesivo. Sobre todo en un momento televisivo como el actual (al menos en USA), donde las series de televisión viven una segunda juventud alimentadas por tramas, personajes y diseños de producción de gran calidad.
A todos esos que se quedan afónicos glosando las virtudes de House les recomiendo que exploren un poco más y que vean capítulos de series como Dexter, Jericho, Battlestar Galactica, Weeds, It Crowd, Daybreak, Studio 60, Los Soprano, Carnivale o The Black Donnellys. Algunas de estas series han sido lamentablemente canceladas, y lo han sido porque no ha recibido el apoyo de audiencia que se merecían dado que más allá de House, Heroes y Perdidos, probablemente tres de las series más irregulares de esta nueva hornada, sobre todo House, parece ser que no hay más vida televisiva.
Sin embargo, lo que más me molesta de House es que ha puesto de moda el borderío hasta el punto de que si en tu vida diaria sueltas faltadas y te comportas con rudeza corres el riesgo de que te comparen con el personaje interpretado por Hugh Laurie, como si ese modelo de comportamiento lo hubiera inventado él. Lo malo es que mientras al Doctor House lo idolatran las masas, a los que hemos sido unos bastardos de mucho cuidado desde la cuna, que tenemos más mérito por se unos adelantados a nuestro tiempo, nos odian con virulencia. Me parece muy injusto que sólo se valore la acritud socarrona, la brusquedad ineniosa y la capacidad para soliviantar a terceros mediante la palabra en la ficción. Por eso animo a todos los bordes de este mundo a que expriman hasta el limite su don para saturar al público de House de su propia medicina y que terminen haciéndose fans de One Tree Hill o Dawson Crece. He dicho.
La moda de los festivales de cine comienza a tomar tintes de epidemia. Ya no hay localidad, por pequeña o insignificante que sea, que no tenga su propio festival de cine con premio absurdo incluido (ya sabeis, la chicharra de oro, el somormujo de plata… cosas así). Con un panorama de esta
naturaleza, y el auge cada vez mayor de las nuevas tecnologías democratizadoras de la cultura, no me extraña lo más mínimo que los jóvenes ya no quieran ser astronautas, bomberos o parásitos sociales. ¡Todo el mundo aspira a convertirse en director de cine! En el fondo, viene a ser una especie de Operación Triunfo pero con certámenes audiovisuales en lugar de castings. No ganar un premio equivale a estar nominado, y no ganarlo por segundo año consecutivo, a estar expulsado de la academia.
Lo surreal de la situación me recuerda la teoría de un viejo amigo argentino, quien sostenía que el reciente colapso de su país se había producido por lo descomedido de las ínfulas artísticas de sus habitantes. Según él, un estado donde el grueso de su población quería ser cantante, guionista, dramaturgo, o director de cine, no podía sostenerse. Ignoro hasta que punto su teoría se aproximaba a la realidad, pero de lo que no hay duda, es de que sobra gente en el sector audiovisual español, como bien nos demuestra el hecho de que se produzcan más de cien películas al año y todas, con honorables excepciones, dejen mucho que desear.
Por eso, desde la modestia de mi condición de blogger hipervitaminado, propongo que se aplique al cine Español un sistema de control similar al del famoso carné por puntos de los conductores. Esto es, cada vez que un director nos deleite con una de esas repetitivas películas sobre niños de la posguerra que descubren el mundo mirando a través de una puerta
entornada como se lo montan sus padres, o bien acerca de treintañeros desnortados que ronronean sus crisis existenciales alrededor de una mesa, se le descontarán un determinado número de puntos de acuerdo con la gravedad de la infracción o su grado de reincidencia. De este modo, cuando los puntos se le agoten al zangolotino de marras, tendrá prohibido por ley el acceso a las cámara de video, cine e incluso a las de los teléfonos móviles.
La medida reportaría unos tremendos beneficios a nuestra salud mental y, al mismo tiempo, abriría camino en la industria del cine a todas esas almas en pena de los circuitos festivaleros. ¡Imagínaoslo! Sólo de pensar en un mundo libre de cineastas como Juán Pinzás, Giménez Rico o Adolfo Aristaraín se me hace el ojete agua de limón. Una pena que, como siempre, nadie me tome en serio...
En vista del éxito que ha tenido el tema de Tulicrem
, y aprovechando que acabo de levantarme y estoy dando buena cuenta de
un yogur de a litro de LIDL de esos con trocitos de melocotón que bien
podrían ser pedazos de rata confitados, yo me pregunto:
¿QUÉ DEMONIOS HA OCURRIDO CON LA MARCA DE YOGURESCHAMBURCY?
La verdad es que no eran los mejores, pero tenían un logo simpático. Yo
creo que pertenecía a Nestle, aunque no estoy seguro. El caso es que
apenas me acordaba del nombre de estos yogures hasta que ayer me topé
por casualidad con la tapa de aluminio de uno de ellos ejerciendo de
marcapáginas dentro de un album ilustrado de Tintín (personaje del que
,por cierto, Spielberg y Peter Jackson van a hacer una trilogía
cinematográfica)
Como veís, vivo anclado en el pasado. Y lo hago por que comprender
nuestra historia es comprender nuestro presente. Así que ya puestos a
revisar la memoria histórica, plantearé otra pregunta no menos jugosa:
¿POR QUÉ LOS REGALICES NO TIENEN LA MISMA TEXTURA DE ANTES?
Aguardo vuestras respuestas con impaciencia e inquietud. NOTA: No vale
responder que porque soy un viejo cascarrabias que le metería gustoso
un barreno por el culo al mundo para que haga pum y Dios esnife las
cenizas.