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La Coctelera

UN CHICO NORMAL

"Era un chico normal, muy simpático y educado, lo que se dice una bellísima persona... ¿Quién iba a pensar que podría hacer algo semejante si siempre saludaba por las escaleras?"

Categoría: Exabruptos

23 Mayo 2007

Una Historia de Violencia (ficción y realidad)

No os perdais este conmovedor arranque de sinceridad en dos tiempos por parte de nuestro actor agañanado favorito:

21-05-2007

Javier Bardem: 'En el film de los Coen soy la violencia, no un ser humano'

Cansado, encantado y necesitado de nicotina. Así ha dejado a Javier Bardem su clamoroso triunfo en el Festival de Cannes con 'No Country for Old Men', de los hermanos Coen, en la que borda un papel que resume en una frase: 'Yo soy la violencia, no soy un ser humano'.
Lapidaria definición para un personaje, Anton Chigurh, en el que aparece con aspecto insólito -nunca podrá olvidar esa media melena que hizo troncharse de risa a los Coen- y, encima, encarnando un carácter con el que no podía tener más diferencias.

'Tengo problemas con la violencia. No me gustan las películas violentas', comenta Bardem (Las Palmas de Gran Canaria, 1969) a un grupo de periodistas en el Carlton, uno de los hoteles históricos en el de por sí histórico paseo de la Croisette. (...)

30-01-2005

Una ex modelo demanda a Bardem por romperle la nariz

La ex modelo Jill Marshall ha demandado a Javier Bardem
por haberle roto la nariz por accidente de un golpe mientras bailaba en
un club nocturno de Nueva York, durante la fiesta posterior al estreno
de Mar adentro, el pasado 10 de enero. Marshall tendrá que ser operada porque el golpe le ha causado problemas respiratorios, dijo ayer su abogado, Sanford Rubenstein.


La mujer, que ha esperado al anuncio de las nominaciones a los
Oscar para presentar la denuncia, también ha demandado a la discoteca
Gypsy Tea por negligencia, al seguir sirviendo alcohol al actor (en la
foto, el pasado tres de enero, en Salvador, en Brasil), "incluso en un
estado de intoxicación", y por no prevenir el incidente a través de
medidas de seguridad.

El abogado del actor, Martin Singer, negó ayer
cualquier responsabilidad de su cliente. "El es un excelente bailarín.
No voy a comentar las habilidades de baile de esta mujer. No obstante,
en la medida en que la mujer resultó herida mientras bailaba, la lesión
se produjo por su propia conducta", dijo Singer. Según el abogado, Marshall se acercó la noche de autos varias veces a Javier Bardem en la discoteca y él la rechazó inicialmente.

DIFUSION La gresca del Gypsy Tea fue publicada en una columna de cotilleos el mes pasado en el New York Post, que citó a Marshall
diciendo que fue un accidente. "Fue un accidente, pero él estaba fuera
de control y cuando hieres a alguien tienes que aceptar
responsabilidades. Tengo muchos dolores y no he salido de casa en una
semana", fue citada Marshall en unas declaraciones que su abogado confirmó como exactas.

Moraleja: aunque el gañán se vista de seda, gañán se queda.

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22 Mayo 2007

House, Una Serie Mierdosa

De vez en cuando, se producen en el universo alguno de esos fenómenos extraños para los que ni las mentes más lúcidas de nuestra blogosfera, incluida la que me voy dejando a plazos cada fin de semana por las barras de los bares, encuentran una explicación plausible: que si un nutrido número de mujeres consideran que Ben Affleck es guapo, que si a Penelope Cruz la nominan al oscar como mejor actriz, que si España envía a Nash a Eurovisión en lugar de enviar a Loco Mía, que ganarían de calle, y ahora, lo que faltaba: resulta que a todo cristo se le ha metido en la mollera que House es una buena serie de televisión...

Sí, hay que reconocer que entre Aquí no hay Quien Viva y House existe una diferencia de calidad considerable, pero la serie producida por Singer dista mucho de ser buena desde el momento en que sigue uno de los esquemas dramáticos más repetitivos, predecibles y monocordes de la historia audiovisual reciente, incluyendo CSI, que ya le llega. Puedo entender que hasta el capítulo 4 la gente se enganche a la serie debido a la peculiar personalidad del doctor y a sus ácidos chascarrillos verbales, pero que únicamente eso sostenga la producción durante varias temporadas me parece excesivo. Sobre todo en un momento televisivo como el actual (al menos en USA), donde las series de televisión viven una segunda juventud alimentadas por tramas, personajes y diseños de producción de gran calidad.

A todos esos que se quedan afónicos glosando las virtudes de House les recomiendo que exploren un poco más y que vean capítulos de series como Dexter, Jericho, Battlestar Galactica, Weeds, It Crowd, Daybreak, Studio 60, Los Soprano, Carnivale o The Black Donnellys. Algunas de estas series han sido lamentablemente canceladas, y lo han sido porque no ha recibido el apoyo de audiencia que se merecían dado que más allá de House, Heroes y Perdidos, probablemente tres de las series más irregulares de esta nueva hornada, sobre todo House, parece ser que no hay más vida televisiva.

Sin embargo, lo que más me molesta de House es que ha puesto de moda el borderío hasta el punto de que si en tu vida diaria sueltas faltadas y te comportas con rudeza corres el riesgo de que te comparen con el personaje interpretado por Hugh Laurie, como si ese modelo de comportamiento lo hubiera inventado él. Lo malo es que mientras al Doctor House lo idolatran las masas, a los que hemos sido unos bastardos de mucho cuidado desde la cuna, que tenemos más mérito por se unos adelantados a nuestro tiempo, nos odian con virulencia. Me parece muy injusto que sólo se valore la acritud socarrona, la brusquedad ineniosa y la capacidad para soliviantar a terceros mediante la palabra en la ficción. Por eso animo a todos los bordes de este mundo a que expriman hasta el limite su don para saturar al público de House de su propia medicina y que terminen haciéndose fans de One Tree Hill o Dawson Crece. He dicho.

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21 Mayo 2007

Carné por Puntos para Cineastas

La moda de los festivales de cine comienza a tomar tintes de epidemia. Ya no hay localidad, por pequeña o insignificante que sea, que no tenga su propio festival de cine con premio absurdo incluido (ya sabeis, la chicharra de oro, el somormujo de plata… cosas así). Con un panorama de esta
naturaleza, y el auge cada vez mayor de las nuevas tecnologías democratizadoras de la cultura, no me extraña lo más mínimo que los jóvenes ya no quieran ser astronautas, bomberos o parásitos sociales. ¡Todo el mundo aspira a convertirse en director de cine! En el fondo, viene a ser una especie de Operación Triunfo pero con certámenes audiovisuales en lugar de castings. No ganar un premio equivale a estar nominado, y no ganarlo por segundo año consecutivo, a estar expulsado de la academia.

Lo surreal de la situación me recuerda la teoría de un viejo amigo argentino, quien sostenía que el reciente colapso de su país se había producido por lo descomedido de las ínfulas artísticas de sus habitantes. Según él, un estado donde el grueso de su población quería ser cantante, guionista, dramaturgo, o director de cine, no podía sostenerse. Ignoro hasta que punto su teoría se aproximaba a la realidad, pero de lo que no hay duda, es de que sobra gente en el sector audiovisual español, como bien nos demuestra el hecho de que se produzcan más de cien películas al año y todas, con honorables excepciones, dejen mucho que desear.

Por eso, desde la modestia de mi condición de blogger hipervitaminado, propongo que se aplique al cine Español un sistema de control similar al del famoso carné por puntos de los conductores. Esto es, cada vez que un director nos deleite con una de esas repetitivas películas sobre niños de la posguerra que descubren el mundo mirando a través de una puerta
entornada como se lo montan sus padres, o bien acerca de treintañeros desnortados que ronronean sus crisis existenciales alrededor de una mesa, se le descontarán un determinado número de puntos de acuerdo con la gravedad de la infracción o su grado de reincidencia. De este modo, cuando los puntos se le agoten al zangolotino de marras, tendrá prohibido por ley el acceso a las cámara de video, cine e incluso a las de los teléfonos móviles.

La medida reportaría unos tremendos beneficios a nuestra salud mental y, al mismo tiempo, abriría camino en la industria del cine a todas esas almas en pena de los circuitos festivaleros. ¡Imagínaoslo! Sólo de pensar en un mundo libre de cineastas como Juán Pinzás, Giménez Rico o Adolfo Aristaraín se me hace el ojete agua de limón. Una pena que, como siempre, nadie me tome en serio...

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16 Febrero 2007

¿TODAS PUTAS?

No sé por qué, siempre que me detengo por un momento a pensar acabo llegando a alguna conclusión políticamente incorrecta.

Hoy vais a flipar. Sobre todo si sois zapateriles.

Resulta que el otro día estaba yo analizando atentamente todo el sarao que se montó con lo del suicido de la hermana de Doña Letizia (no sé que me da más yuyu, si esa zeta descontextualizada, las dos eses de "Vanessa" o la propia palabra "yuyu") cuando me di cuenta, durante el funeral, de que nunca antes había visto a la princesa de Asturias sin maquillar. Entonces pensé que, en realidad, jamás había visto a una tía guapa maquillada en un funeral. Y recalco lo de guapa.

Mi hipotesis es la siguiente: dado que existe una relación de estimulación recíproca entre el eros y el tanathos, el sexo y la muerte, las mujeres guapas no se maquillan en los funerales porque se sienten culpables de su propia belleza, de su sexualidad. Se supone que los entierros son acontecimientos trágicos y muy serios, por tanto, el sexo no tiene lugar en ellos, y sin embargo, el morbo de la situación hace que mucha gente se sienta excitada, de ahí que sea tan fácil sorprender a parejitas matraqueando alegremente en los servicios de los tanatorios. Vamos, que los funerales nos ponen calentorros. Los tíos lo disimulamos con caras de circunspección, algún mohín protolloriqueante y gafas de sol cuanto más negras mejor, las tías, en cambio, se quitan la costra de la cara, se despeinan y sustituyen sus tangas de hilo dental por bragas de encaje.

Lo grandioso del asunto es que con ello dejan entrever que cuando no se encuentran en un funeral son unas pilinguis viciosas que se pirran por aplicarse potingues oleaginosos sobre la jeta para atraer a los machos, incluso en aquellas situaciones aparentemente serias, como reuniones de trabajo o cursos de Tai-Chi, por ejemplo. Supongo que ya habreis intuido a dónde quiero llegar, así que no me andaré con más pamplinas y lo diré claramente: ¡golfas!

Ya por último, permitidme que traiga a colación las palabras de una anciana señora que el año pasado llamó a Hablar por Hablar al hilo de un debate muy acalorado sobre la condición femenina y su tendencia a aprovecharse de los hombres por medio de una explotación calculada y mezquina de su sexualidad. Dijo lo siguiente: "Miren, no hagan caso a todas esas chicas que llaman diciendo que son unas santas, yo tengo setenta y ocho años y puedo decirles, sin temor a equivocarme, que todas las mujeres, sin excepción, somos unas putas y unas cabronas". Hasta que este mismo año vi como Sylvester Stallone se vaciaba por completo en Rocky Balboa, jamás había sido testigo de un mayor alarde de sinceridad.

Si esa bendita mujer se encuentra por un casual leyendo estas líneas, cada vez más desquiciadas, le ruego que abandone por un momento su retiro espiritual y corrobore, con la misma rotundidad y erudición, si me equivoco en mi razonamiento acerca del maquillaje y su relación con el golferío. La verdad está ahí fuera. Muéstrenosla. We want to believe...

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28 Septiembre 2006

EMINFLEX: LA AMENAZA ORGÁSMICA

La lista de personas que merecen la muerte se expande con mayor rapidez que el gusto (cuestionable) por el hip-hop y los “ritmos calientes”. Como la cosa siga así, habrá que plantearse algún tipo de exterminio a gran escala (me van a cerrar el blog, me van a cerrar el blog…). La última candidata a ingresar en este macabro panteón es la chica de Emin Flex. Probablemente ninguno de vosotros, salvo los más teleadictos, la conoceréis. En ese caso solo tenéis que sintonizar Antena 3 durante el programa de Ana Rosa (es una jodienda, lo sé, pero hay que hacerlo) entre las once y media y las doce de la mañana. Con suerte (o no), veréis durante uno de los bloques de anuncios un publirreportaje de un colchón llamado Emin Flex cuya presentadora os crispará tanto los nervios que vuestros acupuntores y reflexoterapeutas tendrán que hacer malabarismos para recauchutarlos.

Se trata de una tipa menuda (a simple vista hasta parece inofensiva y todo, embutida en su vestidito faldicorto de colón marrón), rubia, y con rostro de yo no he roto un plato bajo el que titila un tenue resplandor de maldad. Su verdadero peligro radica en su voz de falsete. Tan impostada que produce pirrilera, tan falsamente emocionada que ya transmite la sensación de que te está vendiendo una moto, como algunos vendedores de electrodomésticos de Barcelona. Durante los casi cinco minutos que dura el anuncio de marras, la chica experimenta un altisonante y rudimentario orgasmo fónico a todas luces fingido. No soy capaz de comprender como los responsables de Emin Flex han podido seleccionar a una tipa así de grimosa para promocionar sus productos, a no ser que se haya acostado con alguno de los directivos de la empresa aplicando esas mismas técnicas simulatorias. De lo cual se desprende que al colchón le vendría mejor el nombre de Himen flex que el de Emin Flex.

Yo lo tengo claro, sólo me compraré un colchón Emin Flex si meten a esa tipa dentro para que pueda saltar sobre ella durante eones en venganza por tantas y tantas mañanas escuchando su hipócrita runrún de fondo en el televisor. En serio, tenéis que escucharla. Sólo de ese modo comprenderéis que ciertas voces pueden producir un repelús mayor que la contemplación del cuello de Fernando Alonso, del rostro de Ben Affleck cagando duro, o de las piernas de Ana Obregón haciendo stepping sobre cristales y resina.

Por cierto. Soy ecologista, vegetariano y estoy en contra de los maltratos a mujeres. ¡Nunca máis! (Ahora no me cierran el blog ni de coña ;)

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14 Septiembre 2006

FERNANDO ALONSO MUST DIE

No es que me apasione la Formula Uno, lo cual es comprensible teniendo en cuenta que ni siquiera tengo el carnet de conducir para minimizar de este modo las posibilidades de perecer víctima de un accidente de coche, pero el pasado domingo de mañana, mientras supuraba las toxinas asimiladas por mi cuerpo durante una dilatada jornada de juerga nocturna, me puse a ver la carrera del circuito de Monza.

El Fernando Alonso siempre me ha parecido un mameluco de los que hacen historia. Un tunero gañán a lo grande. Por supuesto, que alguien sea anodino, tenga el cuello hipertrofiado, sólo diga mamarrachadas, sature al personal a través de una utilización megalómana del mercado publicitario, tenga voz cansina, resulte prepotente a la par que limitado, celebre sus victorias con una falta de clase bochornosa, y además represente a una escudería francesa, no justifica que deba morir. Si deseo que su bólido salte por los aires en plena carrera, la cosa se debe más al calvo de Telecinco que al propio piloto asturiano.

¿No os da la impresión de que ese tipo está enamorado de él? Pronuncia la palabra Fernando al menos diez veces por minuto, se desespera cuando tiene algún contratiempo, sigue hablando de él aún cuando el meollo de la carrera se encuentre en otra parte, se le ilumina el rostro cuando menciona su nombre en las conexiones previas, al resto de los comentaristas sólo les pregunta cosas sobre él, pasa totalmente del resto de pilotos y se le hace el ojal agüilla de limón cuando lo entrevista. En otras palabras, que su modelo de comportamiento en las retransmisiones se asemeja más al de una quinceañera enamorada de Ricky Martin que se unta las partes con Nocilla para que un perrillo comecoños haga honor a su nombre, que al de un comentarista deportivo hecho y derecho con pelos en el pecho y pelos en los cojones que le salen por el dobladillo de los pantalones, como reza la copla.

Por eso, sería un momentazo dramático a la altura de la película más lacrimógena de Hollywood, (incluso a la altura de Mar Adentro, que ya tiene delito), que Alonso palmara en un circuito y el calvo tuviera que retransmitirlo. Estoy seguro de que se lanzaría a la pista con los ojos llorosos, revolvería con sus propias manos descarnadas entre los amasijos candentes en busca de su cadáver, y posteriormente llevaría los restos humeantes a un taxidermista para que lo recauchutara y así poder tener para siempre a su Fernando en su habitación. En el tipo de perversiones que podría llevar a cabo a partir de este punto, prefiero no entrar, aunque algo me dice que los fastos sexuales de la caravana Follartour se quedarían en agua de borrajas ante ellas. Sí, amigos, todavía existe el amor. O al menos, todavía hay quien lo confunde con la velocidad…

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7 Febrero 2006

TULICREM, UN SABOR PERDIDO EN EL TIEMPO QUE VA A VOLVER POR MIS HUEVOS

Nunca hubiera pensado que aquel humilde artículo escrito en agosto del año pasado acerca de la triste e injustamente olvidada crema para untar Tulicrem pudiera calar tan hondo en vuestros corazones. Y mucho menos, que el Tulicrem acabaría por dar un sentido a mi vida. Ahora tengo claro por qué Dios, Marcelino o quien demonios sea, me ha puesto en este mundo: tengo una misión, y esa misión es conseguir que vuelva a comercializarse el Tulicrem. ¿Cómo es posible que nocilla, anodina pastramada antiestética presentación, esté todavía en las estanterías de todos los supermercados mientras que el tulicrem tan sólo pervive, y a duras penas, en nuestras memorias titilantes? ¿Acaso no es justo que las nuevas generaciones disfruten también de un manjar tan excelso? Tal vez Tulicrem sea la razón por la que los chavales están cada día más atontolinados. Sin duda, la privación forzosa de los imprescindibles nutrientes del tulicrem les ha afectado el cerebro.

Por todo es ello resulta imperativo movilizarse políticamente. Y lo dice alguien cuya única reivindicación política hasta el momento ha sido manifestarse a favor de mantener la ñ de los teclados españoles en el año 1994, en Logroño. Desde hoy, y con este artículo ejerciendo de manifiesto, queda constituida la plataforma ciudadana pro-tulicrem VICTIMAS DEL NOCILLISMO, por una crema de chocolate digna, cuyo principal objetivo es que Tulicrem, la sabrosa merendola de nuestra infancia, vuelva a comercializarse.

En este sentido, debo dar gracias a nuestra amiga Luisa, pues ella, hábil como pocas, ha logrado dar con la dirección de la empresa que comercializaba Tulicrem. El e-mail es el siguiente: info@unilever.es. Ya sabeis, mandad cuantos e-mails podais, al menos diecinueve cada día, y publicitad esta sandunguera iniciativa entre todos vuestros amigos, conocidos, e incluso entre vuestras ex-novias paranoicas. Juntos, podremos conseguirlo. ¡Tulicrem es vida!

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28 Diciembre 2005

ALLEN CARR INCITA A FUMAR

El gobierno, los medios, y las mentes bienpensantes, politicamente correctas, e inquisitorias de este país, están empeñadas en que todos los que fumamos frunciendo el ceño a lo Humphrey Bogart dejemos de hacerlo. Es por nuestra propia salud, recalcan, pero si fuera nuestra salud lo que tanto les importa prohibirían el tabaco, del mismo modo que no se comercializa aceite de colza. De cualquier modo, aún suponiendo que sus intenciones fueran sinceras, cosa muy dudosa, han pasado por alto un pequeño detalle: cuando la gente se pone muy pesada diciéndole a los demás lo que tiene que hacer, los demás reaccionan haciendo todo lo contrario. Ley de vida.

Hasta ayer, yo estaba absolutamente convencido de la necesidad imperiosa de dejar de fumar. Fue ver el show proselitista del Allen Carr y su metodo Easyway para dejar de fumar y cambiar de opinión. Me crispó tanto los nervios el espectáculo sectario, manipulador, irrespetuoso y facilón de Antena 3 que fumé más que nunca. Incluso me autosugestioné para sentirme estupendamente después de hacerlo.

No sé muy bien en qué academia de oratoria ha estudiado el fulano orejudo ese que sonaba más falso que Michael Jackson diciendole al juez que sólo fue la puntita, pero un tipo que sustenta su discurso supuestamente esclarecedor sobre similes cutresalchicheros como comparar los pulmones de un fumador con un tarro de miel y además intenta salpimentarlo todo con chistes postizos sobre croquetas para caer simpático, resulta cuanto menos perturbador, sobre todo para quienes hemos estudiado en un colegio de curas.

Al margen de eso, sus argumentos estaban cogidos con pinzas de la ropa compradas en el LIDL, sobre todo aquel con el que refutaba el hecho de que un cigarro relaje diciendo que tan sólo calma el mono del anterior (una contradicción en si mismo, puesto que si calma el mono, al menos durante ese instante relaja). Vamos, eso sería como decir que el sexo es malo porque mitiga la ansiedad sexual de no follar desde el último polvo, y yo no veo que nadie salga por la tele azuzando las conciencias para que no se moje el churro. En fin, patético, y lo más triste es que al pavo se le llenaba la boca rajando sobre el lavado de cerebro de las tabacaleras y el cine cuando el tenía tan aprendido el discurso del gurú Carr que parecía un escolar recitando aquello de "nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir".

La puntilla la puso una yanki macilenta que tuvo los bemoles de asegurar que dejar de fumar no engorda porque en lugar de comer cheetos o panceta si te entra la ansiedad puedes comer piña. Hay que joderse. Dentro de nada la secta Easyway sacará un libro titulado dejar de comer caldo gallego es fácil si sabes como y todo Dios lo comprará como gilipollas.

Insisto. Hasta ayer noche yo pretendía dejar de fumar a partir del día uno. Gracias a Allen Carr y su grupúsculo sectario seguiré fumando y moriré de cáncer. Gracias, Allen Carr. Espero que mis descendientes te denuncien tras mi muerte igual que en America denunciaron a las tabacaleras, a ver si así dejas de forrarte a costa de las desgracias ajenas, espabilado!!

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Sobre mí

Soy un mindundi, un tarado, un zangolotino, un energúmeno, un carapán, a veces, también soy un poco calzonazos. Pero eso sí, cazando zarigüeyas cojitrancas no tengo rival...

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