Revisitando ayer noche la película (excelente película, por cierto) Cosas que Hacer en Denver Cuando Estás Muerto, de Gary Fleder, con una amiga, y a cuento de esa secuencia donde un viejete ya muerto le recomienda a su hijo via video post-mortem que trate a las mujeres como putas para que beban de su mano, me di cuenta de que ese argumento aparentemente machista y reaccionario encierra una verdad como la copa de un pino, y además, una verdad unisex multidireccional.

Mi amiga me lo confirmó. "efectivamente, a las chicas nos molan los malotes", dijo. Nada nuevo. Yo, como buen periodista, me puse a contrastar y envié una hornada de e-mails con la misma cuestión a muchísima gente. Todos, hombres y mujeres, coincidieron en que el lado oscuro estimula el flujo de feromonas, con lo cual, ahora que me había convertido en un tipo bueno después de haber sido un cabrón hijo de puta, no me queda más remedio que convertirme de nuevo, y contra mi voluntad, otra vez en un cabrón hijo de puta. Un cabrón hijo de puta y fumador, para más señas. Así que lo tengo todo.

Y yo me pregunto, barrabasadas al margen, ¿es que la bondad ha perdido su encanto? (en caso de que algún día lo hubiera tenido). ¿Qué ocurre con esos valores tan simpaticotes como la inocencia, la candidez, la ingenuidad, el altruismo, el sacrifio y demás zarandajas. ¿A nadie le ponen los buenos? Por favor, esto es un estudio muy serio, necesito respuestas. Después de lo que me costó dejar de ser un gañán asilvestrado para convertirme en un chico culto y refinado, no puede ser que ahora me digan que la clave de la felicidad colea en la involución. Sé que la verdad está ahí fuera, pero por el amor de Dios, ¡que alguien preclaro me la traiga por las orejas!

Hasta mañana y copas de yate...