Hola de nuevo a tod@s. Después del zafio paréntesis protopolémico de la última semana, toca hablar de nuevo de mi, me, conmigo. Sé que parezco un ególatra mayestático de la calaña de Barbra Streisand, por poner un ejemplo, pero es que este es mi blog, y como tengo una acusada afinidad ideológica con el solipsismo, sólo puedo hablar con rotundidad y aplomo lapidario acerca de mi mismo. Más allá de ahí, no sé nada. O parece que no... Y además, en la vida real nadie me escucha. Sniff!
A lo que iba, que me pierdo. Como buen hipocondriaco he aprovechado las vacaciones navideñas no sólo para hartarme de turron, polvorones y harina de mandioca, sino también de visitas a matasanos. El otro día os comentaba el milagro de la ampliación de mi capacidad pulmonar contra todo pronostico apocalíptico de las autoridades sanitarias y/o políticas, pero la tournee no se ha quedado ahí. Entre mis visitas navideñas también han estado el dermatólogo, el dentista, el urólogo, el cardiólogo y el oculista. Soy un poco el Papa Noel del personal sanitario, sólo que menos simpático y sonrosado.
Hoy me ha tocado dermatólogo y dentista en la misma tarde. Al primero he ido porque de repente mi cuerpo se ha puesto a picar con rabia por todas partes (¿castigo divino por mi arrogancia hacia los tipos esos de los libros? puede ser). Creía que podía tener la sarna, pues en los últimos meses he dormido en lugares de lo más insalubre, desde rotondas periféricas a solares en obras o camas de zampapollas poco higiénicas, pero me equivocaba. Tengo una urticaria.
En ese estado de paroxismo come-comero me metí en la consulta del dentista. Tenía los brazos, las piernas, el cuello y el torax rojos como tomates de tanto rascarme, y el tipo va y me dice que tiene que hacerme una limpieza bucal. Si ya da más grima que ver a la cantante de presuntos implicados comiendo tizas a pares que te pasen el torno ese por los piños en estado dermatológicamente normal, imaginaos la pesadilla que ha supuesto para el menda escuchar esos sonidos chirriantes y dolorosos mientras me ardían todos y cada uno de los poros de mi piel. Un movimiento en falso y el capullo del dentista me metía el pincho en todas las encías.
Afortunadamente, tengo una gran facilidad para salir victorioso de las situaciones más adversas y, es por ello que todavía sigo vivo. Eso sí, no le recomiendo a nadie (hipocondriaco o no)que visite a su odontologo con urticaria. ¡Es como ver a Michael J.FOX tratando de desactivar con la uña del dedo meñique una bomba megatónica!
Y con esto me despido por hoy. Que el espíritu de Pat Morita os proteja hasta mi próximo artículo. Copas de yate.
¿Conoces ya el nuevo fenómeno en La Coctelera?
No, no se trata de las averías... sino del otro nuevo fenómeno.
Este es un blog, un blog colectivo. Un genuino brog. Siete, brog siete.
¡En muuuy, muuuy bueno, sí señor!
Y no lo digo porque lo hagamos nosotros, sino para que entres a mirar...
:-) Te esperamos en:
www.lacoctelera.com/brog7
...qué tendremos los dentistas...que siempre aparece algún comentario sobre nosotros en algún blog...ejem...eso es que no conoces a las dentistas!!!!