EL PSOE MOLA
Nunca he sido un animal político. Ni siquiera social, aunque tampoco un lobo para el hombre, sólo un poco somormujo. La democracia me parece un sistema caduco, absurdo, poco refinado, injusto, tosco, demagógico, apelotonadizo, tiránico como la peor de las dictaduras y aburrido hasta decir basta. Ya no imperfecto, como dicen muchos, sino la imperfección misma, a la que encarna con mayor exactitud que la napia de Barbra Streisand o ese tercer pezón que yo mismo luzco con orgullo en mi torso de bravucón.
Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado.
Y las cosas han cambiado gracias a Trinidad Jiménez, mi nueva musa.
Veámoslo.
Hace ya unas meses que estoy tomando unas pastillas que se han cargado casi de golpe mi apetito sexual. No presto atención a las chicas en el metro, no utilizo Internet más que para mirar el correo y escribir en este blog, y ni siquiera tengo erecciones-palanqueta por las mañanas. Personalmente, creo que es una suerte (ya ha escrito sobre el tema en algún artículo anterior). Pero también es una suerte tener una imaginación como la mía, capaz de crear unos sueños como el que hoy he tenido.
Imaginadlo: Trinidad Jiménez. Un despacho en algún edificio oficial. Música de Kenny G de esa que parece diseñada para practicar el sano deporte de la fricción en un piso con gran ventanal frente a la playa, a la hora del crepúsculo, sobre una moqueta roja y al calor de una hoguera chispeante. La tía me pide el voto, embutida en su chaqueta de cuero de motarra, y yo le digo que ni hablar, que mi virginidad política es lo que más valoro en este mundo después de la mahonesa y los balones de Nivea. Para tratar de convencerme, se despelota y se pone a cuatro patas encima de la mesa. Me suelta que debo tener mejor talante y, apuntándome con una Magnum, explica que ha llegado la hora de que cumpla mi servicio hippioso obligatorio y practique el amor y no la guerra. Acepto el trato. Placa. Placa. Ploc. Ploc. En mitad del asunto se pone a llorar y dice: “Zapatero se va a enfadar mucho conmigo”. Yo le respondo que por el amor de Dios, no me hable de ZP mientras nos refocilamos, al tiempo que trato de quitarle hierro al tema apelando a su famoso talante. Como aún así no para de hablar de él, me pongo a cantarle el Cara el Sol en represalia. Ella se agita muchísimo y trata en vano de escapar, lo cual me pone tanto que la emprendo con la melodía del NODO, ya por puro vicio.
Acojonante. Cuando me despierto es como si hubiera vuelto a tener quince años. Mi libido regresa en tromba y me obliga a buscar entre los periódicos una foto de Trini para rendirle un segundo homenaje sobre la lavadora (en marcha, por supuesto, ya sabéis como soy). El paroxismo psicotrónico es de órdago. Descubro entonces mi verdadera tendencia política: el gayolal-socialismo, sistema rijoso donde los haya basado en la adoración onanista de nuestros bienamados líderes. Aquel grupo político que me proporcione los mejores sueños húmedos, será al que vote en las próximas elecciones. Y de momento, el PSOE de mi Trini tiene todas las papeletas, a no ser, claro, que el subconsciente me acabe jugando una mala pasada y tenga que votar finalmente a Esperanza Aguirre…
Entreri dijo
¡pedazo de artículo! tío, eres un crack. un saludo
11 Septiembre 2006 | 09:24 PM