La lista de personas que merecen la muerte se expande con mayor rapidez que el gusto (cuestionable) por el hip-hop y los “ritmos calientes”. Como la cosa siga así, habrá que plantearse algún tipo de exterminio a gran escala (me van a cerrar el blog, me van a cerrar el blog…). La última candidata a ingresar en este macabro panteón es la chica de Emin Flex. Probablemente ninguno de vosotros, salvo los más teleadictos, la conoceréis. En ese caso solo tenéis que sintonizar Antena 3 durante el programa de Ana Rosa (es una jodienda, lo sé, pero hay que hacerlo) entre las once y media y las doce de la mañana. Con suerte (o no), veréis durante uno de los bloques de anuncios un publirreportaje de un colchón llamado Emin Flex cuya presentadora os crispará tanto los nervios que vuestros acupuntores y reflexoterapeutas tendrán que hacer malabarismos para recauchutarlos.

Se trata de una tipa menuda (a simple vista hasta parece inofensiva y todo, embutida en su vestidito faldicorto de colón marrón), rubia, y con rostro de yo no he roto un plato bajo el que titila un tenue resplandor de maldad. Su verdadero peligro radica en su voz de falsete. Tan impostada que produce pirrilera, tan falsamente emocionada que ya transmite la sensación de que te está vendiendo una moto, como algunos vendedores de electrodomésticos de Barcelona. Durante los casi cinco minutos que dura el anuncio de marras, la chica experimenta un altisonante y rudimentario orgasmo fónico a todas luces fingido. No soy capaz de comprender como los responsables de Emin Flex han podido seleccionar a una tipa así de grimosa para promocionar sus productos, a no ser que se haya acostado con alguno de los directivos de la empresa aplicando esas mismas técnicas simulatorias. De lo cual se desprende que al colchón le vendría mejor el nombre de Himen flex que el de Emin Flex.

Yo lo tengo claro, sólo me compraré un colchón Emin Flex si meten a esa tipa dentro para que pueda saltar sobre ella durante eones en venganza por tantas y tantas mañanas escuchando su hipócrita runrún de fondo en el televisor. En serio, tenéis que escucharla. Sólo de ese modo comprenderéis que ciertas voces pueden producir un repelús mayor que la contemplación del cuello de Fernando Alonso, del rostro de Ben Affleck cagando duro, o de las piernas de Ana Obregón haciendo stepping sobre cristales y resina.

Por cierto. Soy ecologista, vegetariano y estoy en contra de los maltratos a mujeres. ¡Nunca máis! (Ahora no me cierran el blog ni de coña ;)