LA GORDA DE AL LADO: EL CONCEPTO
El otro día salí por la noche y me acontecieron algunas cosas dignas de estudio antropológico. La primera de ellas tiene que ver con una jovenzuela disfrazada de catwoman ronroneante y unos urinarios y no os la contaré porque paso de comprometer la intimidad de tercera personas. Le segunda, en cambio, tiene que ver con los años ochenta y con un arquetipo femenino que hace que a todos los hombres con sangre en las venas ésta se nos sulfure: la gorda de al lado.
Resulta que estaba yo medio chispado a eso de las siete de la madrugada, saliendo de un bareto lleno de gente disfrazada de cosas tan originales como payaso, pirata o presidiario cuando me topé de bruces con una chica embutida en uno de los monos rojos de la entrañable serie de televisión V, con un peinado a la sazón también ochentero, con su laca y todo, en un puntilloso y logrado intento por emular a la gran lagartona Diana (Jane Badler).
Por su puesto, en cuanto me apercibí de aquella epifanía kitsch no pude evitar que de mi garganta surgiera la siguiente frase: "¡Diana! ¡No tienes ni puta idea de la de pajas que me he hecho contigo!", y es que durante mucho tiempo, la mala de V ha sido mi gran mito onanista, habiéndole rendido fogoso tributo durante años y años en celebración erótico-festiva de su tremendo morbo. Lejos de soliviantarse, la moza se descojonó, lo cual indicaba que además de estar bastante buena, no había pillado todavía la supergripe políticamente correcta que en la actualidad diezma día tras día nuestra abotargada y acrítica población. En otras palabras: la chica parecía al menos un poco inteligente y tenía sentido del humor. Me la imaginé haciéndome perrerías en la cama al más puro estilo Diana y me puse fatal.
"¿Podrías comerte un ratón?", le pregunté para iniciar el ritual de apareamiento. Ella sonrío con cara de loba, sacó un ratoncillo de gominola de su bolsillo y clavó la mítica escena del capítulo piloto. En aquel momento, podría levantar una mesa con manos. Hablamos durante uno o dos minutos más, torrefactando el aire a nuestro alrededor, hasta que de pronto una voz córvida a mis espaldas echó todo por tierra. Era la gorda de al lado.
Por ley, siempre que un hombre se encuentra tonteando que una chica que le gusta y esta chica es receptiva a sus maniobras de seducción, aparece de la nada una tía gorda, fea y sin carisma que con prepotencia cerril dice: "anda, vámonos, deja a este gilipollas" y la arrastra en contra de su voluntad lejos de su principe azul. En este caso, yo. La gorda de al lado es un ser sin personalidad propia, frustrado a nivel afectivo por sus evidentes taras físicas, que para compensar su falta de autoestima se hace amiga de una chica guapa a la que utiliza como escudo para desdeñar a los hombres que de otro modo no la mirarían, y con los que, por tanto, jamás podría establecer ningún tipo de diálogo verbal o no verbal. La gorda de al lado disfruta jodiendo al personal porque ella no jode. Y a mí me crispa los nervios.
Pero la gorda de al lado no es una mujer en concreto. Es un concepto, una figura casi mitólogica que algún Dios con un sentido muy retorcido del sentido del humor ha puesto en el mundo para castigar a los hombres calentorros. Por ello, después de que la gorda de al lado raptara a mi Diana como Zeus a Europa, invertí el resto de la noche, en compañía de un amigote, en perseguirla para ajusticiarla por sus crimenes contra la humanidad y salvar de este modo al mundo libre de su yugo. La encontré una hora más
tarde, frente a la entrada de un after-hours, haciendo sufrir a otro pobre incauto. Airado, le espeté una catilinaria de agarrate y no te menees, pero como en el fondo soy un buen tío, y la pobre se puso tan triste ante mi exabrupto que sólo le faltó llorar, al final la dejé ir. Sé que con ello todos los machos alfa del planeta tierra estamos condenados. Eso sí, nadie podrá negarme ahora que no tenga talante superheroico. Ya lo decía Spiderman: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Gorda de al lado: reflexiona. Y ya de paso, adelgaza un par de kilos, que falta te hace.
Anna dijo
Que patetiticos y ridiculos me resultan tus comentarios no tienes ni pizca de educacion hacia esta gran actriz, relamente en los comentarios de tal persona se refelja tal y como es.
No hay nada que hacer
9 Enero 2009 | 08:32 PM