Lo recuerdo como si fuera hoy. Corrían el último año de la década de los ochenta y yo me encontraba con mis padres y mis primos, enfundado en una horrenda braga naútica, de vacaciones en un pueblo costero de Valencia de esos llenos de tías gordas en camisón tratando de alquilar pisos a cualquier ser humano dotado de bolsillos, chulos de playa con bragas naúticas más prietas que la mía, y hacedores de horchata sonrientes.

Como ya por aquel entonces la playa no me gustaba demasiado (algo en lo que tenía mucho que ver el impacto que causó sobre mi indefensa mente de prepúber el visionado continúo de la película Tintorera ), aquel día preferí quedarme en casa viendo la tele que torrarme al sol y acumular arena y salitre en el ojete. Echaban el programa de Jesús Hermida, que ya no recuerdo como se llamaba. Con su rostro circunspecto de agente de la UAT convencido de su superioridad moral, empezó a hablar a cámara acerca de un grupo que, según él, iba a revolucionar los pilares de la industria musical. Se pasó, sin exagerar, diez minutos ensalzando a sus invitados, y cuando ya consiguió desatar en mí tanta expectación como para que dejara de jugar con mis G.I Joes y me acercara a la tele, perplejo, en plan niña de Poltergeist, salen los bigardos de Loco Mía con sus abanicos y se ponen a cantar aquella canción tan salerosa que decía lo de “Loco Mia kechovare”. El bueno de Jesús Hermida no había exagerado. Me convertí en un fan del grupo ipso facto. Si hubieran sacado muñecos articulables con sus figuras multicolores me las hubiese comprado y jubilaría para siempre a los G.I.Joes, a los Airgamboys, y a todo cuanto juguete se me pusiera por delante.

Y sin embargo, transcurridos casi veinte años desde aquel momento crucial para la historia de la humanidad (¡imperdonable que no haya siquiera aparecido en el programa de las imágenes de nuestra vida!), prácticamente nadie se acuerda del conjunto musical que iba a lanzar un órdago sin precedentes al buen gusto de las discográficas y, a la larga, incremetaría la venta de hombreras y abanicos hasta casi el doble. Por ello, quiero hoy en unchiconormal reivindicar su memoria, no desde una óptica cooltrónico-kitsch-posmoderna, sino simplemente historicista. Creo que si hay alguna memoria histórica que reivindicar, es esta. Os dejo con el video original de su primer gran éxito, y con la letra de mi canción favorita: Gorbachov, cuyo video, por desgracia, no he podido encontrar, pero ya os podréis imaginar, leyendo la letra, por dónde iban los tiros… Hasta el próximo artículo

Los de la URSS nos asombran,
 Gorbachov es ideal.
 Ya era
 hora que al
 oeste vuelvan ya.
 
 Avanzar en el
 desarme
 y reformar.
 Esto ya es imparable,
 Rusia no
 se vuelve atrás.
 
 Gorbachov es
 Perestroika,
 Gorbachov es desarmar,
 Gorvachov es
 convincente,
 sabe mandar.
 
 Gorbachov es dulce
 Raisa,
 Gorbachov es confiar.
 Gorbachov es una estrella,
 superstar.
 
 Cuando lleguemos a Rusia
 Gorby nos
 acogerá.
 Y en la Plaza Roja
 gritaremos
 libertad.
 
 No es un sueño,
 es realidad.
 Esto es
 inevitable,
 es progresar