Slapstick en la Ducha: un Error Fatal
Os voy a contar el suceso más casposo que me ha sucedido en los últimos meses. Me sonrojo solo de pensar en ello, pero un blog está precisamente para exorcizar los terrores personales más bennyhillianos, así que no me cortaré un pelo. Seré breve, conciso y sincero. No importa que por el camino quede como un gilipollas del tres al cuarto de chopped si con ello contribuyo a hacer de este mundo un lugar mejor…
Resulta que el otro día estaba yo en la ducha, salpicando mi cuerpo turgente de chorretes de agua tibia, cuando dije: voy a lavarme el ano. Aquí conviene señalar que la alcachofa de mi ducha tiene tres modos, el modo normal, uno en el que el agua sale como más espumosa, y el modo heavy, en el que toda el agua se concentra con una fuerza del demonio en un único chorro. Pues bien, empecé a higienizar mi ojete utilizando el modo normal, pero como la cosa me empezaba a dar cierto gustirrinín, pasé al espumoso, y luego, al heavy. ¡Cual fue mi sorpresa al notar que este último chorretón me estaba poniendo bastante! Pensé en esas sexólogas que repiten todo el rato que el punto erógeno masculino esta en nuestros ceritos sexuales y también en María Teresa Campos, no sé por qué.
En estas que me relaje tanto que la alcachofa de la ducha se me escurrió un poco de las manos, con tal mala suerte que el chorro de agua, en modo heavy, pero heavy heavy, se estrello con la fuerza del movimiento peristáltico de un cachalote contra mis huevos. Pasé del placer al dolor extremo en apenas un segundo. La alcachofa se me cayó definitivamente de las manos y se puso a bailar como loca dentro de la cabina de la ducha sin que yo pudiese controlarla, en parte, porque también me caí al suelo, ahito de dolor, agarrándome la bolsa escrotal con fuerza. Parecía el puto Mister Bean, y para rematarla, la alcachofa, descontrolada, me pegó dos zurriagazos en toda la sien que casi me hacen perder el conocimiento. Traté de levantarme pero resbalé y me caí. No puede evitar proferir un grito de afirmación vital desaforado.
Al otro lado de la puerta, suena una voz: " ¿qué pasa?, ¿estás bien?
Me quedo pensando, todavía roto por el dolor, y digo:
“Nada, todo perfecto”
Porque por mucho que la sinceridad sea una virtud, hay cosas que es mejor que la gente no sepa… de lo cual se colige que mariconadas las precisas, y que, la ducha, siempre en modo normal.

alejandroripoll dijo
Es una versión freak de la cabecera de "El hombre y la Tierra",,,ese fragmento en el que (momento de lapsus) Rodríguez de la Fuente intenta agarrar la anaconda y se le escapa. Solo que en lugar de morderle la cara te pegó en los güevos.
Por cierto,,,me apunto el sketch para usarlo en algún corto, con los respectivos agradecimientos en créditos.¿te importa?
17 Mayo 2007 | 07:30 PM